Nacido en Mataró, ciudad cercana a Barcelona,
siempre pensé que las imágenes sentidas
en tiempo propio, fuera de los ámbitos y horarios
cotidianos, eran las que tenían capacidad de
conmover. Con el tiempo y con la suerte asociada a
mi trayectoria vital, pude emigrar al territorio donde
siempre deseé vivir mi tiempo libre. Ahora,
casi todo mi tiempo lo vivo rodeado de naturaleza,
y los horizontes físicos son casi infinitos,
pero paradójicamente, también voy descubriendo
que las ciudades, los pueblos o cualquier lugar del
planeta donde me encuentre son absolutamente apropiados
para la creación, y generan mil caras de la
belleza. En mi caso, la elección y la consecución
de un propósito inicial; vivir en el campo,
propició esta actividad casi obsesiva de fotografiar
el mundo natural.
El equipo es importante, y más importante
aún es conocerlo para utilizarlo intuitivamente,
como una prolongación de nuestro cuerpo.
Después de muchos años impresionando
película; los últimos cargando un
pesado equipo de medio formato, me rendí
casi incondicionalmente al digital. Del soporte
digital, lo único que diferencio claramente
de la película, es que da más trabajo
pero abre muchas posibilidades con el retoque posterior.
Otros aspectos a tener en cuenta son inmediatez,
flujo de trabajo y la gran calidad actual de las
imágenes digitales.
Las focales que utilizo habitualmente van de 12
a 500 milímetros y el equipo complementario
no deja de tener un peso parecido al de tiempo atrás,
disco duro y ordenador portátil, muchos cargadores
y baterías, trípodes, flashes y otros
artilugios que se adaptan a mi idiosincrasia caminante-fotográfica.